lunes, 12 de mayo de 2025

Paradas con tanques, misiles ... y despidos: la nueva eficiencia imperial

Trump finalmente tendrá su desfile militar, para dizque celebrrar el Día de la Bandera estadounidense. Se destacarán por la calle más importante de Washington más de 6,000 soldados, 50 aeronaves, 150 vehículos y hasta tanques retumbarán por allí en lo que el trompo ha descrito como “una celebración del poderío estadounidense”. Costará, dice el Pentágono de Hegseth, hasta $45 millos, Pero para Trump, eso son “peanuts compared to the value of doing it”.


La ironía no podría ser más grotesca y de tan mal gusto. Mientras su administración usa la motosierra presupuestaria contra agencias que procesan el Seguro Social, recaudan impuestos, la Salud, regulan alimentos, protegen el ambiente, FEMA, o brindan asistencia internacional, se justifica este gasto obsceno con el argumento de que los misiles son los mejores del mundo y, por tanto, merecen el desfile. Lo que no merece presupuesto, al parecer, es el contribuyente que paga por esos misiles, ni el empleado federal que los tramita, ni el anciano que espera su cheque.

DC ya anticipa el costo extra, no solo monetario, sino moral. La alcaldesa Muriel Bowser advirtió que si los tanques ruedan por sus calles, también deben venir acompañados de “millones de dólares para reparar las carreteras”. Porque Washington no fue diseñado para soportar esos vehículos blindados. sin embargo, lo que está en juego no solo es el concreto de las calles, sino el concepto del desfile militar. Una república no exhibe su fuerza para imponer miedo a su propio pueblo. Pero eso parece no importarle a quienes miden la grandeza nacional en toneladas de acero y decibeles de explosión.

Y mientras tanto, miles de empleados federales reciben sus cartas de despido. Oficinas federales de servicio vacías, líneas telefónicas silenciadas y servicios congelados. La eficiencia imperial, al parecer, consiste en cesantear al oficinista que aprueba un beneficio médico, mientras se despliega un tanque para entretener a un hombre obsesionado con parecer un tipo fuerte, estilo Putin o el sociópata norcoreano.

Dicen que la inspiración fue el desfile del Día de la Bastilla, hace unos años en Francia, donde acudió invitado por Macron durante su primer mandato. Pero lo que pretende el trompo se parece mucho más a la Plaza Roja que a la plaza de la república francesa. Porque lo que realmente quiere no es un país más fuerte, sino un espectáculo que lo retrate como un emperador o un rey sin corona. El César del siglo XXI, montado en su carro de combate, saludando a las masas con la mueca de quien sabe que lo que arde no es París, sino la democracia estadounidense.

Se me olvidaba: el desfile será el 14 de junio, cuando el trompo cumple 79 años de edad. Presumo que prenderán el biscocho de happy birthday con un lanzallamas.

domingo, 11 de mayo de 2025

CRIMEA: Un nudo legal en las negociaciones de paz

A medida que la guerra en Ucrania se prolonga, hay un asunto que aparenta seguir siendo innegociable: Crimea. No se trata únicamente de una disputa estratégica o simbólica; es un punto jurídico que define todo el conflicto.

Desde el punto de vista militar y geopolítico, no hay duda de que Crimea es vital para Rusia. Su flota del Mar Negro opera desde el puerto de Sebastopol, lo que le otorga una posición naval privilegiada. En el plano interno, Putin ha convertido a Crimea en un emblema de la identidad nacional rusa, presentando su anexión en 2014 como una “reunificación histórica” que corrige un error del pasado. Sin embargo, esa narrativa, según expertos de esta parte del mundo, choca de frente con el derecho internacional.


El consenso entre especialistas señala que, mediante la Carta de las Naciones Unidas y el Memorando de Budapest de 1994, Rusia reconoció expresamente las fronteras de Ucrania, incluyendo a Crimea como parte de su territorio. Ese acuerdo fue suscrito también por Estados Unidos y el Reino Unido, y fue el que reconoció la soberanía ucraniana y brindó garantías contra futuras invasiones. Eso no detuvo a Rusia, que pasó por alto que la anexión mediante el uso de la fuerza constituye una violación flagrante del orden jurídico internacional.

Por tanto, el mentado referéndum de 2014, celebrado tras la ocupación rusa y sin supervisión internacional, carece de validez legal. Ningún organismo jurídico internacional lo reconoce como legítimo.

El argumento de Rusia sobre la “autodeterminación” del pueblo crimeo no tiene base jurídica cuando se realiza prácticamente a punta de pistola, bajo coerción armada, y en violación de la integridad territorial de un Estado soberano como Ucrania.

Además, la propia Constitución de Ucrania prohíbe ceder parte de su territorio sin un referéndum nacional. Por tanto, el consenso es que, aun si su gobierno quisiera ceder Crimea como parte de un acuerdo de paz, legalmente no puede hacerlo sin enmendar su constitución y sin la aprobación del electorado.

Ese es el nudo del conflicto: por un lado, Rusia exige reconocimiento de su soberanía sobre Crimea; por el otro, Ucrania reclama la restauración de su integridad territorial. Ninguna de las dos posiciones puede ceder sin provocar un bollete político y jurídico.

Así las cosas, Crimea sigue siendo el epicentro simbólico, geopolítico y jurídico de esta guerra. A la luz de una interpretación —desde este lado de la cancha— del derecho internacional vigente, Crimea le pertenece a Ucrania. Si me preguntaran a mí, también pienso igual.

EL ARTE DE ESCRIBIR AMOR: Recordando a mi querida viejita

Hay personas que vienen al mundo sin un libreto que los guíe en las relaciones familiares cercanas. Tienen que inventarlo sobre la marcha, escribirlo presumo que desde la intuición, ciertamente la carencia o desde el deseo profundo de dar lo que nunca recibieron. Gente que no tuvieron o conocieron hermanos, padres o madres , que no conocieron a sus abuelas ni abuelos, en fin, personas sin vínculo palpable o conocido. Esos que se enfrentan a la vida teniendo que construir, a pulso, el significado de una amistad que se debiera sentir como una hermandad o de un amor que se parezca al de un padre o de un abuelo hacia su nieto. Así fue Natalia, o Abuela Tatí, como la conocían mis hijos, sus nietos.


Mami nunca conoció a su madre. La perdió cuando tenía apenas dos años de edad, a punto de conocer a su única hermana materna, que también perdió en ese parto. Carente de su madre, las figuras maternas que tuvo fueron sus tías, Isabel y Panchita, que se la turnaban para ayudar en du primera crianza como podían, aliviando así el peso de ese deber primario a su papá, mi abuelo Andrés. Titi Isabel y Titi Panchita intentaron llenar ese vacío imposible de sustituir del todo, como es la figura de su madre Fulgencia.

En plena adolescencia, Mami dejó su hogar paterno en el Barrio Jacaboa de Patillas y fue acogida, esta vez por su tío materno Pedro, en Caguas, y luego de unos pocos años, por Manuel, otro tío viviendo en San Lorenzo, donde finalmente terminó de “criarse” con Titi María, su tía política, y sus primos Gilly y Nayda. Fue en San Lorenzo, frente a la plaza, donde conoció al que sería su compañero de vida, su esposo, mi querido viejo, mi papá, Quique, que estaba terminaba cuatro años en el ejército de una patria ajena.

Natalia fue madre por primera vez, pero el destino inmisericorde, le arrebató a su hijo José Enrique a los 40 días de nacido, experimentando, apenas, lo que era sentirse madre de una criatura que dependía exclusivamente de ella para sobrevivir en el mundo.

Siete años transcurrieron antes de que volviera a quedar embarazada. Y entonces sin manuales, sin ejemplos, sin los consejos de una madre para hacer bien las cosas, escribió su propio libreto con el fin de criar a su único hijo. A pura pepa. Un libreto en el que el amor fue la norma, el pie forzado de
una décima . Un libreto donde la dedicación total fue regla, y creo que el instinto fue su brújula. Modestia aparte, lo hizo con excelencia; se graduó con “flying colors”, como dicen los gringos. En retrospectiva, porque eso no se nota ni hay muchos índices de comparación, Natalia crió a su único hijo con una entrega plena.

Cuando crecí y estuve listo para tomar mi propio rumbo, entonces Mami se entregó de lleno a ser abuela de mis cuatro hijos, escribiendo un segundo libreto, sobre el arte de amar por instinto, con una brújula marca: “AMOR”. Cuando su ciclo estaba completo, partió hace 20 años, pero nunca del todo, porque ella es inmortal, vive en nosotros y entre nosotros, su familia. Vive en nuestras memorias y corazones, y creo que, en nuestras maneras de amar.

Natalia nunca tuvo ni le dieron un libreto. Pero los que escribió fueron dos obras maestras. Hoy, Día de las Madres, celebro a Mami y a todas las madres de mi familia, que ya son unas cuantas. Pero, muy especialmente, a todas las mujeres que, como ella, inventaron el amor desde cero.

LA VISION SOCIAL EN UN PAPADO


Afirmar que el Papa no debe hablar sobre asuntos políticos o sociales revela una visión reduccionista de su misión dentro de la Iglesia y del mundo. El Papa es custodio del Depósito de la Fe y guía doctrinal, pero encerrar su función solo en lo dogmático es ignorar siglos de tradición y de práctica pastoral. Desde Rerum Novarum de León XIII hasta Fratelli Tutti de Francisco, los Papas han ejercido un magisterio con implicaciones directas sobre temas como el trabajo, la pobreza, la paz, la migración y la justicia social. Ese magisterio no son opiniones privadas; es enseñanza oficial que busca iluminar los desafíos de cada época a la luz del Evangelio. El Papa, cuando habla sobre leyes injustas, abusos de poder o políticas excluyentes, no está haciendo activismo: está cumpliendo con su deber de pastor universal. Jesús mismo no fue neutral ante el poder, y su mensaje tuvo consecuencias políticas tan reales que le costaron la vida. Por eso, cuando el Papa alza la voz ante el sufrimiento humano, no se aparta de su misión, sino que la encarna. El Concilio Vaticano II lo dijo con claridad: los gozos y angustias del mundo son también los de la Iglesia. Callar ante la injusticia no es prudencia; es traición al Evangelio.


Por lo anterior, cada Papa ha respondido a los desafíos de su época con una visión social propia, enraizada en su visión del Evangelio, pero con acentos distintos. Este énfasis va desde el derecho laboral hasta la ecología integral, desde la dignidad del trabajo hasta la fraternidad global. La Iglesia católica, lejos de estar desconectada del mundo, ha ido desarrollando una tradición rica, crítica y humanista frente a los grandes retos sociales de cada siglo.

A lo largo de los siglos, los Papas han reflejado y moldeado distintas visiones sociales según el contexto histórico, político y teológico de su tiempo.

Busqué y les comparto un resumen de las principales orientaciones sociales que han caracterizado algunos de los papados más influyentes de la era moderna y contemporánea:

1. Papa Leo o León XIII (1878–1903): La Iglesia ante el tema obrero
Encíclica clave: “Rerum Novarum” (1891)
Visión social:
• Fundador de la Doctrina Social de la Iglesia.
• Defendió los derechos de los trabajadores, el salario justo y la legitimidad de los sindicatos.
• Rechazó tanto el socialismo como el capitalismo salvaje.
• Introdujo la idea de la propiedad privada con una función social.

2. Papa Pío XI (1922–1939): Frente a totalitarismos
Encíclica clave: “Quadragesimo Anno” (1931)
Visión social:
• Profundiza en la justicia social.
• Introduce el principio de subsidiariedad (las decisiones deben tomarse en el nivel más local posible).
• Critica el fascismo, el comunismo y el liberalismo económico desenfrenado.

3. Papa Juan XXIII (1958–1963): Humanismo integral y paz
Encíclica clave: Pacem in Terris (1963)
Visión social:
• Enfatiza los derechos humanos universales.
• Aboga por el desarme nuclear y la paz entre pueblos.
• Dialoga con el mundo moderno, incluso con no creyentes.

4. Papa Pablo VI (1963–1978): Desarrollo humano integral
Encíclica clave: “Populorum Progressio” (1967)
Visión social:
• El desarrollo no es solo económico, sino también humano, ético y cultural.
• Defiende la justicia internacional, la ayuda al Tercer Mundo y una crítica fuerte al neocolonialismo.

5. Papa Juan Pablo II (1978–2005): Libertad, dignidad y comunión
Encíclicas clave: “Laborem Exercens” (1981), Centesimus Annus (1991)
Visión social:
• Defensa de la dignidad del trabajo y de la persona.
• Crítico del comunismo y del capitalismo sin alma.
• Promueve la cultura de la vida y los valores familiares.
• Enfatiza el papel de la libertad como clave de desarrollo humano.

6. Papa Benedicto XVI (2005–2013): Caridad en la verdad
Encíclica clave: “Caritas in Veritate” (2009)
Visión social:
• Llama a una economía ética al servicio del ser humano.
• Introduce la noción de “desarrollo sostenible” desde una perspectiva cristiana.
• Rechaza el relativismo moral y el individualismo deshumanizante.

7. Papa Francisco (2013–2024): Ecología, exclusión y cultura del encuentro
Encíclicas clave: “Laudato Si’” (2015), “Fratelli Tutti” (2020)
Visión social:
• Fuerte énfasis en la crisis ecológica y el cuidado de la “Casa Común”.
• Crítica frontal a la “economía del descarte” y la idolatría del mercado.
• Defiende a los migrantes, los pobres y los descartados del sistema.
• Propone una política del amor fraterno y la cultura del encuentro.

sábado, 10 de mayo de 2025

Entre el ESPIRITU SANTO y la POLITICA DEL VATICANO


No alardeo de ser experto en nada. Conozco del cónclave por lo que he podido leer y ver en los medios. Claro que ví The Two Popes y The Conclave por Netflix, hasta el nuevo Papa lo hizo. Ahora estoy viendo las series de The New Pope, con Jude Law. ¡Excelentes!sin embargo, nada eso me hace experto en cónclaves ni nada parecido.

Finalmente acabo de ver el videoclip de Jugando Pelota Dura de la otra noche, donde se formó la de San Quintín (el tema lo amerita) entre un pastor bautista y un cura. El primero afirmaba que la elección del nuevo Papa fue una decisión política. Por su parte, el cura en el panel se sintió ofendido pues postulaba que fue, como en todas las ocasiones, una intervención del Espíritu Santo.

Cada vez que se anuncia un cónclave papal, muchos imaginan un proceso místico. Cardenales rezando bajo obras de arte de Miguel Ángel, esperando que el Espíritu Santo les inspire el voto correcto. Pero aunque la fe guía, lo correcto es aceptar que la política nunca está ausente en una elección papal. Y no es la política barata partidista. En ese contexto hay que interpretar que el concepto “política” es mucho más abarcador. He leído que elegir un Papa es también una decisión cargada de historia, estrategia, geopolítica… y de necesidades internas de la iglesia católica. Y lo creo.

Luego de la muerte de Juan Pablo I en 1978, fue elegido Karol Wojtyła, un arzobispo polaco venido del bloque comunista. Fue el primer Papa no italiano en más de 450 años de esa organización. Su elección fue vista entonces como un acto de valentía. Lo recuerdo como Papa joven, carismático, firme en doctrina religiosa y un símbolo de resistencia ante la opresión que representaba en el bloque de países la unión soviética. Lo vi de lejos desde un puente elevado cuando pasó por la Baldorioty de Castro en su Papa Móbil, dirigiéndose a San Juan en su única visita a PR. El consenso es que su elección no fue solo un acto de fe, sino una jugada de geopolítica formidable a nivel global.

En 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, le tocó el turno a Joseph Ratzinger, que escogió llamarse Benedicto XVI. Era Alemán, conservador, y y un teólogo muy respetado, que representaba la continuidad doctrinal. (Lo representó Anthony Hopkins en El Cónclave, luciéndose como el gran actor que es). La elección del Papa Benedicto fue rápida. El cuerpo de cardenales quería orden, ortodoxia y defensa ante un mundo cada vez más secularizado. Si se quiere categorizar de algún modo, Benedicto fue un Papa para “cerrar filas”.

En 2013, sin embargo, el Papa Benedicto renunció. Lo hizo en un contexto de escándalos por abusos sexuales, pedofilia, filtraciones del Vaticano y en medio de una crisis institucional. Entonces llegó el argentino Jorge Bergoglio, jesuita, de costumbres frugales y con un enfoque pastoral directo.

Bergoglio fue el primer Papa latinoamericano y el primero en asumir el nombre de San Francisco de Asís, santo de los pobres. El consenso de historiadores del Vaticano es que su elección fue tanto un acto de renovación institucional de una Iglesia desgastada por el escándalo, así como un giro geopolítico: el Sur Global hablaba al centro del catolicismo. Cuando dicen que “el Sur Global hablaba al centro del catolicismo”, se refieren al giro histórico que implicó la elección del Papa Francisco. Por primera vez, la máxima figura de la Iglesia Católica provenía de América Latina, una región que, junto a África y Asia, concentra la mayoría de los católicos del mundo pero que históricamente había sido marginada del poder en el vaticano. Esa elección no solo rompió con la tradición europea del papado, sino que también llevó al centro decisional una visión marcada por la realidad de las periferias humanas, es decir, la pobreza, desigualdad, migración, violencia y exclusión. Francisco representó ese otro rostro del catolicismo, uno más pastoral que doctrinal y religioso, más enfocado en la justicia social que en las formas, y que desafiaba el viejo clericalismo romano desde una Iglesia con los pies en la tierra.

Por eso, creo que cada elección papal ha respondido a su contexto. La fe de la Iglesis está presente. Sin embargo, entran en la ecuación los equilibrios de poder, la región de origen, la edad del candidato, y las presiones sociales y morales del momento. Como el viento que sopla Bairoa, el Espíritu Santo sopla… pero los cardenales también negocian.

No he estado ni estaré en un cónclave. Pero sé que no es un reality show, como se imaginan muchos, en el que los cardenales se tiran al suelo a rezar para que llegue el Espíritu Santo y les aconseje. No creo que eso trabaje así. El cónclave no es novela pero no le falta drama. Tampoco hay cámaras ni micrófonos, pero sí muchas maniobras estratégicas entre el cuerpo de cardenales que escoge al Papa. Hay bloques de respaldo y cálculos geopolíticos. Estoy seguro que cuando al fin sale el humo blanco por la chimenea, no siempre el “Habemus Papam” se refiere a un anuncio de un santo en potencia, sino al que resultó ser el mejor que jugó el complejo ajedrez del Vaticano.