domingo, 11 de mayo de 2025

EL ARTE DE ESCRIBIR AMOR: Recordando a mi querida viejita

Hay personas que vienen al mundo sin un libreto que los guíe en las relaciones familiares cercanas. Tienen que inventarlo sobre la marcha, escribirlo presumo que desde la intuición, ciertamente la carencia o desde el deseo profundo de dar lo que nunca recibieron. Gente que no tuvieron o conocieron hermanos, padres o madres , que no conocieron a sus abuelas ni abuelos, en fin, personas sin vínculo palpable o conocido. Esos que se enfrentan a la vida teniendo que construir, a pulso, el significado de una amistad que se debiera sentir como una hermandad o de un amor que se parezca al de un padre o de un abuelo hacia su nieto. Así fue Natalia, o Abuela Tatí, como la conocían mis hijos, sus nietos.


Mami nunca conoció a su madre. La perdió cuando tenía apenas dos años de edad, a punto de conocer a su única hermana materna, que también perdió en ese parto. Carente de su madre, las figuras maternas que tuvo fueron sus tías, Isabel y Panchita, que se la turnaban para ayudar en du primera crianza como podían, aliviando así el peso de ese deber primario a su papá, mi abuelo Andrés. Titi Isabel y Titi Panchita intentaron llenar ese vacío imposible de sustituir del todo, como es la figura de su madre Fulgencia.

En plena adolescencia, Mami dejó su hogar paterno en el Barrio Jacaboa de Patillas y fue acogida, esta vez por su tío materno Pedro, en Caguas, y luego de unos pocos años, por Manuel, otro tío viviendo en San Lorenzo, donde finalmente terminó de “criarse” con Titi María, su tía política, y sus primos Gilly y Nayda. Fue en San Lorenzo, frente a la plaza, donde conoció al que sería su compañero de vida, su esposo, mi querido viejo, mi papá, Quique, que estaba terminaba cuatro años en el ejército de una patria ajena.

Natalia fue madre por primera vez, pero el destino inmisericorde, le arrebató a su hijo José Enrique a los 40 días de nacido, experimentando, apenas, lo que era sentirse madre de una criatura que dependía exclusivamente de ella para sobrevivir en el mundo.

Siete años transcurrieron antes de que volviera a quedar embarazada. Y entonces sin manuales, sin ejemplos, sin los consejos de una madre para hacer bien las cosas, escribió su propio libreto con el fin de criar a su único hijo. A pura pepa. Un libreto en el que el amor fue la norma, el pie forzado de
una décima . Un libreto donde la dedicación total fue regla, y creo que el instinto fue su brújula. Modestia aparte, lo hizo con excelencia; se graduó con “flying colors”, como dicen los gringos. En retrospectiva, porque eso no se nota ni hay muchos índices de comparación, Natalia crió a su único hijo con una entrega plena.

Cuando crecí y estuve listo para tomar mi propio rumbo, entonces Mami se entregó de lleno a ser abuela de mis cuatro hijos, escribiendo un segundo libreto, sobre el arte de amar por instinto, con una brújula marca: “AMOR”. Cuando su ciclo estaba completo, partió hace 20 años, pero nunca del todo, porque ella es inmortal, vive en nosotros y entre nosotros, su familia. Vive en nuestras memorias y corazones, y creo que, en nuestras maneras de amar.

Natalia nunca tuvo ni le dieron un libreto. Pero los que escribió fueron dos obras maestras. Hoy, Día de las Madres, celebro a Mami y a todas las madres de mi familia, que ya son unas cuantas. Pero, muy especialmente, a todas las mujeres que, como ella, inventaron el amor desde cero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario